Entre otros asanas, que es lo mismo que decir posturas, los chicos juntan las manos y saludan al sol. Y se quedan en silencio. Y meditan. Son, por qué no, chicos zen, capaces de encontrar en estos ejercicios mayor armonía.

Tiago tiene cinco años y practica yoga desde los tres, en el colegio Master College de Belgrano. “Está incluido en el programa como actividad “no optativa”. Son grupos de unos 20 chicos, nenes y nenas. Se sientan en círculos, cierran los ojos, se toman de las manos… Creo que tendría que ser así en todos los colegios. Camila, mi otra hija, tiene dos años. Va a empezar a hacer yoga el año que viene. Le va a venir muy bien porque es súper inquieta.” cuenta Verónica Furnari, la mamá del pequeño, a Clarín.

Cecilia del Molino es la directora del jardín de infantes de Tiago. “En nuestro colegio los alumnos practican yoga en el jardín y en el secundario. En el primario, por cuestiones curriculares, se hace algo parecido, el mindfulness, que también se basa en las emociones y sería algo así comotomar conciencia del momento presente’”, explica Del Molino. “Es muy saludable para los más chiquitos. Son módulos semanales de 40 minutos“.

Daiana Chami fue profesora de inglés, de teatro y, con amplias inquietudes por la pedagogía, desde hace un tiempo se dedica al yoga. Da clases en su propio espacio, Daidharma, en San Isidro, y en algunos colegios. “El yoga para los chicos se hace con juegos, canciones, disfraces… A la hora de desarrollar posturas, y para que lo puedan asimilar más fácilmente, se les pide que hagan el perro, la rana, el cuervo o la mesa… También se les puede contar un cuento para que armen distintas posturas a medida que escuchan. Es una actividad donde no sólo se ejercita el cuerpo sino que también sirve para que desarrollen la imaginación”, señala Daiana.

Los beneficios del yoga para chicos, sigue la especialista, “son muchos. En un ejercicio de a dos, la consigna puede ser: ‘que el otro no se caiga’. Y eso estimula el respeto, la cooperación con el otro…”.

Para que los chicos no se aburran, desde la Fundación Indra Devi recomiendan que “no se les debe exigir que repitan posturas”. Y también es importante que los pequeños “no ingieran alimentos sólidos dos horas antes de practicar yoga”. Los beneficios de esta disciplina están divididos entre físicos y emocionales: “El yoga desarrolla los músculos motores, mejora los hábitos posturales de la columna vertebral, estimula la circulación sanguínea, aporta mayor agilidad y destreza y mejora la elongación”, detalla Adriana Feddelli, secretaria general de la Fundación. “A la vez mejora la autoestima, aporta calma, desarrolla la atención, la concentración y la memoria, además de incentivar la interacción con los demás. Los chicos son muy flexibles y pueden hacer todas las posturas”, completa Feddelli.

Como parte de la misma búsqueda de equilibrio, los chicos zen también meditan. En este caso, según sostiene Sofía Godio Báez, instructora de El Arte de Vivir, se toma en cuenta la “conflictividad emocional”. Si el chico está enojado o nervioso, si siente miedo o vergüenza, se le puede pedir que cierre los ojos, que cuente hasta diez y trate de ver cómo se manifiesta eso en el cuerpo. “Así, una vez que toma conciencia de lo que le está pasando, se puede solucionar el problema”.

La especialidad de Sofía son los cursos de respiración. “Según lo que me cuentan las madres, muchos chicos tienen problemas de ansiedad, hiperactividad o violencia”, señala Sofía. “Con los ejercicios de respiración se relajan. Pero para que lleguen a ese estado primero hay que ‘cansarlos’ con posturas de yoga. Y no darles mucho azúcar, algo que les altera el sistema nervioso”.

Fuente —> https://www.clarin.com/entremujeres/hogar-y-familia/yoga-meditacion-cosa-chicos-zen_0_S1oFQXGPZ.html